Valentín González González" El Campesino"; Federico Escofet Alsina.-a

Soledad  Garcia  Nannig; Maria Veronica Rossi Valenzuela; Francia Vera Valdes

Scherezada Jacqueline Alvear Godoy


Valentín González González" El Campesino"


(Malcocinado, 1909 - Madrid, 1983) Jefe de milicias comunista durante la Guerra Civil de España. De extracción social baja, su padre era un obrero anarquista que tuvo graves problemas con la justicia y que en 1937 fue ajusticiado, junto a su hija, por el procedimiento del garrote vil. Por su situación, comenzó a trabajar como minero en Peñarroya con tan sólo ocho años; según la leyenda (pues no hay datos seguros que confirmen este hecho), mató a cuatro miembros de la Benemérita en 1927; tras este hecho hubo de esconderse.

Poco antes de la proclamación de la República, vuelven a tenerse noticias de este revolucionario español, convertido ahora en un modesto contratista de obras; por esa época, según sus propias declaraciones, ingresó en el PCE (en opinión de otros, esto sólo ocurrió al estallar la guerra). Tras el alzamiento del 18 de julio, ingresó en el mítico Quinto Regimiento, donde pronto se hizo famoso; poco después, al mando de una unidad en el frente de la sierra de Madrid, su prestigio fue en aumento y llegó a ostentar la divisa de teniente coronel.
Participó en las principales batallas de la Guerra Civil, como las de Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite o Teruel (en la que la división 46, a su mando, fue directamente responsable de la pérdida de la ciudad, con lo que se ponía punto final a un mito). Héroe para unos, y para otros un anarquista encubierto, un torpe estratega (opinión de Antonio Cordón) y hasta un cobarde fanfarrón (ése es el calificativo que le dedica el republicano Juan Modesto en Soy del Quinto Regimiento, y también Ramón Salas, en Historia del Ejército Popular de la República), su figura es una de las más polémicas entre los mandos del Ejército de la República Española.
Cuando se acercaba el final de la contienda, escapó a Orán desde el puerto de Málaga; desde allí, marchó a la URSS e ingresó en la Academia Militar Frunze de Moscú, pero fue expulsado y enviado a un campo de concentración en los Urales. Logró escapar y pasó a Irán, desde donde fue devuelto por las tropas británicas a la Unión Soviética para ser encerrado de nuevo en el campo de concentración de Verkuta; evadido una vez más, llegó a Moscú, fue recibido por Kalinin, jefe del Soviet Supremo, y consiguió su ayuda para marchar de nuevo a Irán.
Poco después, Valentín González se instaló en París, desde donde amenazaba con pasar a España con un poderoso grupo de guerrilleros, aunque nunca llevó a cabo este proyecto. Aunque algunos lo dieron por muerto en Siberia en 1943, continuó viviendo en Francia, en la ciudad de Metz, y logró introducirse en España en numerosas ocasiones; en su retiro de la región de Lorena, El Campesino pudo vivir gracias a la ayuda de una sociedad benéfica, pues no contaba con ninguna otra fuente de ingresos.
Todavía hay en su biografía otras páginas con anécdotas rocambolescas, como su presencia (con la lógica sorpresa de los asistentes) en un juicio por su supuesto asesinato, o bien su estancia en Cuba justo antes de que Fulgencio Batista se hiciese con el poder. Nunca dejó de sorprender con sus escritos, como un artículo de la Gaceta Ilustrada de 1976 en que afirmaba ser el padre de la astronauta rusa Terechkova.
Desde que logró fugarse de la URSS, su anticomunismo fue haciéndose cada vez más claro y rotundo; llegada la democracia a España en 1975, publicó una carta en un afamado semanario español, Cambio 16, donde renegaba de su pasado, ponía en jaque al comunismo y al fascismo, apostaba por un modelo de convivencia en democracia y, en último término, recomendaba votar al PSOE. Poco después regresaba a España para morir en ella, sin abandonar su ideal de una Tercera República Española basada en el honor, la patria y la libertad. La evolución ideológica de El Campesino se plasma en tres de sus libros: Vida y muerte en la URSS (1951), Comunista en España y antiestalinista en la URSS (1952) y Yo escogí la esclavitud.

El Campesino pudo regresar en 1977 a España, declarándose simpatizante del Partido Socialista Obrero Español y mostrando su apoyo a Felipe González. Descubrió también que su mujer e hijos, a los que había dado por muertos décadas atrás, seguían con vida. Murió en Madrid en 1983.


Federico Escofet Alsina

Escofet Alsina, Federico. Barcelona, 12.VII.1898 – Bruselas (Bélgica), 1987. Comandante de Caballería, responsable político de la Generalidad y del gobierno de la Segunda República en el exilio.
Oficial de Caballería, participó en numerosas acciones durante las campañas africanas teniendo estrechas relaciones con las unidades de la Mehala y de Intervenciones Indígenas.
En 1932 ingresó en la masonería influido por su amigo, el también militar catalán Muntaner Ciricí.
En octubre de 1934, como capitán, se encontraba al frente de las Escuadras de Manresa, poniéndose del lado de la sublevada Generalidad y defendiendo la sede de ésta contra las fuerzas del Ejército.
Fracasada la sublevación, es detenido y juzgado. Condenado a muerte, se le conmutó esta pena por la de treinta años, siendo encarcelado en la prisión militar del castillo de Santa Catalina en Cádiz. Tras el triunfo electoral del Frente Popular, será liberado en marzo de 1936 y readmitido en el Ejército.
El 18 de julio de 1936 desempeña el cargo de comisario general de Orden Público de la Generalidad, lo que implicaba no sólo el control de los Mozos de Escuadra, sino también de las Fuerzas de la Guardia Civil y de los Guardias de Asalto destinados en Cataluña. Decididamente opuesto al alzamiento, sus planes, junto con la colaboración de los militantes anarquistas, lograron paralizar la acción de las fuerzas militares sublevadas.
En agosto de 1936, la Generalidad le envió a Francia, en misión oficial, posiblemente para protegerle de la FAI, que le acusaba de colaboración con el enemigo al haber favorecido la salida de Cataluña de unos religiosos perseguidos.

A su regreso fue ascendido a comandante, participando en algunas de las principales batallas del frente de Aragón, como Belchite y Teruel, como jefe de Estado Mayor de la Brigada de Caballería del Ejército del Este.
Nombrado por Company su ayudante personal, permaneció a su lado hasta la caída de Cataluña, organizando la salida del gobierno catalán. Una vez en Francia, fue internado en el campo de Argelès, aunque pronto fue puesto en libertad, pasando a Bélgica donde abrió un pequeño negocio.
Entre mayo de 1960 y febrero de 1962 fue designado ministro delegado en el Gobierno de la Segunda República en el exilio que presidía el general Emilio Herrera Linares.
En 1980, una vez consolidada la Monarquía, regresó a España siendo nombrado hijo adoptivo por el Ayuntamiento de Cadaqués en 1983, falleciendo en 1987.

Obras de ~: Al Server de Catalunya i de la Republica, París, 1973; De una derrota a una victoria: 6 de octubre de 1934-19 de julio de 1936, Barcelona, Argos Vergara, 1984.


La doble vida del jefe de los mossos de Companys que se preparó para la guerra química y también huyó a Bélgica.
LAURA GARÓFANO
6 NOV. 2017



En 1980, Federico Escofet Alsina llegó a Barcelona en un autobús. Regresaba de un largo exilio en Bruselas. Llevaba dos maletas en la mano, que resumían sus casi 40 años fuera de España. Nadie diría que aquel anciano era el padre del servicio de inteligencia catalán y que había ejercido durante décadas como ministro delegado de la II República en la capital belga, a la que huyó durante la guerra. Tampoco nadie habría dicho que -como Josep Lluís Trapero- fue jefe de los Mossos d'Esquadra y el encargado de defender el Palau de la Generalitat ante la declaración del Estado Catalán de 1934, y por ello, condenado a muerte por la República.
 Aquel anciano de 82 años, que moriría en Barcelona siete años más tarde, escondía, además, una vida de película. Por sus viajes -Barcelona, Cádiz, un campo de concentración francés, Bruselas...- y por su historia de amor extramatrimonial con Carmen Trilla, que recoge Sonsoles Ónega en su libro Después del amor, Premio Fernando Lara de Novela 2017.Federico Escofet nació en Barcelona el 15 de julio de 1898, en el seno de una familia de la burguesía industrial catalana.
Su padre, don Eladio, era propietario de la fábrica de Tintas Renau: todavía hoy se habla de él en el mundo del coleccionismo por sus estilográficas Montjoy's Pen, capaces de hacerle sombra a las inglesas. Federico siempre tuvo claro que quería dedicarse a la vida militar: de la Academia de Caballería de Valladolid salió alférez con 21 años. Su primer destino fue Barcelona. Después se marchó voluntariamente a la Guerra de Marruecos, donde fue herido tres veces. En 1923 regresó a la Ciudad Condal, donde tres años más tarde fue ascendido a capitán. Pero en 1930 abandonó la vida militar e ingresó en los Mossos, por entonces un cuerpo de seguridad rural, incorporándose a su puesto en La Garriga. Casado con Josefina Rahola, de una conocida y adinerada familia de Cadaqués, y con dos hijas (Anna María y Nuria), desde allí emprendió una carrera meteórica. En sólo un año Federico era ya el ayudante del presidente de la Generalitat, Francesc Macià. 
Y en 1933 fue nombrado jefe de los Mossos. Ese mismo año conoció en un tren a una mujer, esposa de un médico. Se llamaba Carmen Trilla. Que estuvieran casados no impidió que se enamoraran locamente y comenzaran una doble vida que fue vox populi. Ella lo dejó todo por él, e incluso le pidió el divorcio a su marido. Pero el idilio se interrumpió, al menos, en cuanto a distancia geográfica. En el Archivo Provincial de Cádiz se encuentra la solicitud de ingreso de Federico en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cádiz, datada en abril de 1934. Su hija Nuria niega esa fecha. Su biógrafo, el periodista Xavier Febrés, desconoce el motivo por el cual Federico abandonó Barcelona para trasladarse allí.

Fotos de Federico Escofet y Carmen
Trilla en su boletín exterior en 1939


 No le cuadran las fechas. Pero lo dicen los papeles: el jefe de los Mossos estuvo en Cádiz en el mes de abril para estudiar Ingeniería Química y prepararse para la «guerra química», según la documentación pública hallada en el archivo, que cuenta igualmente con copia de su expediente académico, fechado en noviembre de 1933. Entonces Federico ya sabía que se marchaba. La gran incógnita es por qué.En Andalucía permaneció pocos meses, porque el 6 de octubre de 1934 ya había vuelto a la capital catalana: aquel día fue el responsable de defender el Palau de la Generalitat tras la declaración del Estado Catalán. Ese mismo día el president Lluís Companys le nombró comisario general de Orden Público. Federico fue el Trapero de 1934. Y su actuación también lo llevó a los tribunales. 
En su caso, una vez sofocado el alzamiento, fue juzgado en consejo de guerra, condenado a muerte y recluido en el castillo de Montjuic. Sin embargo, antes de que se cumpliera un mes, el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, le conmutó la pena de muerte por cadena perpetua. Seis días más tarde, junto con Companys y otros dirigentes, Federico embarcó en el buque militar Almirante Valdés.Una visita a la cárcel... y la huida ¿Su destino? Nuevamente Cádiz. Pero esta vez, la prisión del castillo de Santa Catalina. Le siguió su familia, para poder visitarle.
 «El motivo por el que nos fuimos allí ya lo sabe usted», dice a Crónica su hija Nuria Escofet, hoy de 93 años. Allí, entre rejas, Federico comenzó a escribir sus memorias. También recibió la visita de Carmen, una sola vez, o al menos así se cuenta en Después del amor, basada tanto en testimonios de la familia de Carmen como en la prensa de la época, y cuyos derechos han sido adquiridos para televisión. La rueda del destino continuó girando a favor de Federico. Cuando en abril de 1936 el Frente Popular ganó las elecciones, el decreto de amnistía hizo que recuperara la libertad. Así que Federico volvió a Barcelona, donde ese junio, con la Generalitat reinstaurada, Companys lo volvió a nombrar comisario general de Orden Público. Pero un mes más tarde la guerra Civil estalló. 
La actuación de Federico, fiel al Gobierno legítimo, es considerada como clave en la defensa de Barcelona durante la contienda. Tras ayudar a unos religiosos a huir a Francia, los anarquistas comenzaron a amenazarlo de muerte: Companys lo envía entonces a Francia, en una falsa misión para comprar material de guerra, para salvarle la vida. En 1937 vuelve a Barcelona: es ascendido a comandante y nombrado jefe del Estado Mayor de la Brigada de Caballería del Frente de Aragón, participando en la ofensiva de Zaragoza y en la batalla de Teruel.
En el número 65 de la calle Lebeau, en el barrio de Sablon,
se ha instalado una librería en la calle.


 Fue herido en dos ocasiones. Al Hospital Militar acudió de nuevo Carmen, que ya pasó a llamarse «señora Escofet» y ya nunca más se escondió. El avance del ejército de Franco hizo que Federico, escoltando a Companys, huyese también a Francia en febrero de 1939. Fue hecho prisionero, junto a su columna de mossos, en el campo de concentración de Argèles-sur-Mer. Pero Carmen realizó gestiones para sacarle de allí y lo consiguió. Ambos se marcharon entonces a París y de ahí definitivamente a Bruselas. No fue su última parada. En 1940 la invasión nazi los obligó a huir de nuevo. Tras un largo periplo, y camino de la frontera francesa, Carmen resultó herida en la cabeza durante un bombardeo alemán. Nunca se recuperó: falleció en un hospital de Bruselas en 1946, y allí fue enterrada. Y allí se quedó también Federico, ejerciendo de ministro del Gobierno en el exilio. 
Hasta 1962. Durante aquellos años, y puntualmente en las fiestas navideñas, remitía sus felicitaciones a republicanos en el exilio, como a Manuel de Irujo, dirigente del PNV. Pero en la dirección de aquellas cartas con membrete, en catalán y español, no figuraba embajada ni ministerio alguno, sino la rue Lebeau 65, junto a la bella y noble Place du Grand Sablon. Aquella era su casa y también su pequeña tienda de alimentación, llamada Costa Brava, en la que vendía «vins et specialitès d'Espagne» (vinos y especialidades de España).
A Xavier Febrés le resumió su vida: «Mi padre era millonario y yo he pasado una miseria espantosa. Tengo hijas y nietos y estoy solo en Bruselas» (...) He perdido carrera, fortuna y familia, más no podía perder. Pero tengo una gran satisfacción, lo único que me compensa: la estima, la simpatía y la consideración que, cosa rara, he sabido conservar».
Aquella vieja tienda de vinos y especialidades españolas es hoy una céntrica florisería. 

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