Orsini, la bomba que desató el terror en el Liceu.-a

Soledad  Garcia  Nannig; Maria Veronica Rossi Valenzuela; Francia Vera Valdes


Pintura de Salvador Roses que refleja el exterior del Liceu después del atentado

  
Ni sabemos como empezar el relato del salvaje y miserable atentando de anoche: la magnitud del crimen; el cuadro que se presentó a nuestros ojos”, así empezaba la crónica publicada en La Vanguardia sobre uno de los atentados más atroces en la ciudad. 
Ocurrió hace 125 años, un 7 de noviembre, en uno de los iconos culturales de Barcelona: el Gran Teatre Liceu. Lo que tendría que ser una gran noche de estreno de la temporada de ópera acabó en una sangrienta pesadilla.
Era un día de mucha lluvia pero no impidió que la afluencia al Liceu fuese masiva. No había ninguna butaca libre para ver la ópera Guillermo Tell de Rossini. Tras el exitoso arranque, en el segundo acto, la música paró de golpe y dio paso a gritos y sollozos. Una bomba, que fue lanzada desde el quinto piso, explotó en la fila 13, cerca del pasillo central.
El balance fue 20 fallecidos y más de una veintena de heridos. La tragedia podría haber sido mayor porque las crónicas recogían que una segunda bomba cayó sobre la falda de una espectadora ya fallecida, la señora Cardellach -cuñada de un conocido procurador barcelonés-, lo que amortiguó el artefacto y no llegó a explotar. La bomba se encontraría más tarde debajo de una de las butacas de la fila 17.
escultura en La sagrada Familia del demonio entregándole
una bomba Orsini a un obrero anarquista para homenajear a
las victimas de los múltiples

Desde el primer momento los médicos que estaban en el teatro auxiliaron a las víctimas hasta la llegada de los médicos municipales. Las farmacias cercanas, como las del doctor Genové o la del señor Andreu, también se movilizaron para ayudar a los heridos. Algunas pinturas de Salvador Roses muestran la tragedia que se vivió en el salón de los espejos del Liceu y el exterior después del atentado.
Aquella noche el trajín de carruajes en la Rambla se intensificó. El gobernador civil acudió en cuanto tuvo noticia por teléfono de la catástrofe, así como el alcalde y varios sacerdotes. Tras la explosión la policía impidió la salida de los espectadores con el objetivo de detener al autor del atentado. Medios de la época recogen que incluso se llevó a cabo algún arresto aquella misma noche pero no sería hasta más tarde, en diciembre, cuando se detuvo al autor de atentado, el anarquista Santiago Salvador.
En aquella época Barcelona vivía momentos de cambio y también convulsos. Era la Barcelona que se abrió al mundo con la Exposición Internacional de 1888 y comportó algunas reformas, como la expansión de la red del alumbrado eléctrico, la pavimentación de las calles o el desarrollo del transporte público. 
“Es un momento que Barcelona está en efervescencia con la inauguración de cafés, de tiendas de lujos y el nacimiento de muchos teatros, como el Paral·lel,”, destaca Helena Escobar, archivera de la Fundació del Gran Teatre del Liceu.

La bomba del Liceu no se puede entender como un hecho aislado”

HELENA ESCOBAR Archivera de la Fundació del Gran Teatre del Liceu
“Es una época de esplendor del modernismo y de la recuperación de la cultura catalana que va unida a una voluntad de más progreso”, explica Escobar.
“El motor de este movimiento fue la burguesía, propietaria de las nuevas industrias, de las compañías empresariales y los bancos”, añade.
Pero aquella Barcelona, conocida también como la ciudad de las bombas, vivía momentos convulsos y la vida social estaba “fuertemente condicionada por la conflictiva relación” entre la burguesía nacida de la industrialización y “unas masas de trabajadores que tenían que hacer frente a unas condiciones de vida muy precarias”.
En este contexto se da la bomba del Liceu con un proletario revolucionario fuertemente influenciado en aquella época por las corrientes anarquistas italianas.
“La bomba del Liceu no se puede entender como un hecho aislado porque forma parte de una serie de atentados que empiezan en septiembre de 1893 con el atentado contra el general Martínez Campos en la Gran Via, después el del Liceu en noviembre de ese año y en 1896 el de la calle Canvis Nous durante la procesión de Corpus Christi”, apunta Escobar.
La bomba iba dirigida contra la burguesía catalana que llenaba el teatro aunque el tipo de público que asistía entonces era bastante diverso. “Los palcos – que eran propiedad de cada familia- y la platea los ocupaban las grandes familias de la burguesía y la aristocracia local, y a media que la localidad se enfila hacia arriba la composición social cambia”, comenta la archivera de la Fundació del Gran Teatre del Liceu.
Así, en los pisos superiores estaban los aficionados a la música y miembros de la pequeña burguesía mientras que el quinto piso incluso alojaba a la clase trabajadora. 
“No obstante, el Liceu siempre se ha identificado con la burguesía y más allá de su función como sala de espectáculos también era un lugar de encuentro, de fiesta con bailes de máscara, y exhibición de riqueza donde se cerraban negocios y matrimonios”, recuerda Escobar.
El atentado caló profundamente en la sociedad barcelonesa tal como se pudo comprobar unos días después en el funeral del 9 de noviembre.
“Las tiendas cerraron, las farolas de la Rambla se envolvieron con lazos negros, el paseo de la Rambla se llenó de arena para facilitar el paso de los caballos. Toda la ciudad estaba de duelo. De hecho, costó mucho que la gente, la burguesía, volviese al teatro y lo llenase”, relata Escobar.
Tras el atentado se suspendió la temporada de ópera y hasta enero no se reanudó la actividad artística con una serie de conciertos con Antoni Nicolau como director. No se volvió hacer ópera hasta la inauguración de la siguiente temporada y no fue en noviembre sino en diciembre.
El artefacto que utilizó en el atentado Santiago Salvador – que sería ejecutado a garrote vil- fue una bomba Orsini, llamada así por su creador Felice Orsini. Fue un revolucionario italiano que atentó contra Napoleón III en 1858 con este explosivo cuando precisamente el emperador asistía a la ópera de Guillermo Tell.


La bomba Orsini, un artefacto casero y símbolo del anarquismo


Este tipo de bomba se hacía de forma casera, se activaba por contacto y llamaba su atención por sus numerosas chimeneas. La bomba que no explotó en el Liceu ha generado su controversia. Durante un tiempo se creyó que era la que tenía el Museo de Història de Barcelona, hoy en día desactivada y expuesta en la Vil·la Joan era la del Liceu. No lo fue hasta que un artículo de Lluís Permanyer publicado en La Vanguardia en 1990 que desvelaba que el artefacto estaba en poder de la nieta del presidente del tribunal que condenó a muerte a Santiago Salvador. Incluso el Museo de la Policía de Ávila tiene una bomba Orsini y se ha reivindicado que también era la del Liceu. Un artefacto de este tipo también se puede ver en una escultura en la fachada de la Sagrada Família en la que un demonio entrega una Orsini a un obrero.
“La bomba del Liceu ha dejado una fuerte cicatriz en la mentalidad de los barceloneses. Es un hecho que continúa vivo en la sociedad”, concluye Escobar.



Santiago Salvador Franch
 (Castelserás, Teruel, 1862 - Barcelona, 1894) fue un anarquista español que ganó notoriedad cuando, el 7 de noviembre 1893, lanzó dos artefactos explosivos contra la audiencia del Gran Teatro del Liceo de Barcelona. Fue ejecutado el 21 de noviembre de 1894.

Juventud

Santiago Salvador Franch nació en la localidad turolense de Castelserás. Sus padres eran campesinos acomodados. Contados 16 años cuando decidió ir a Barcelona, en donde vivió tres años seguidos. Pero no se afincaría definitivamente en dicha ciudad hasta que se casó. Se estableció como tabernero, pero el negocio resultó un fracaso. Luego se empleó de jornalero. Antes de cometer el atentado, se dedicaba a vender alcohol de contrabando.
Vinculado desde joven a diversos grupos anarquistas, participó en diversas acciones de violencia revolucionaria. 

Mi deseo —dirá posteriormente— era destruir la sociedad burguesa, a la cual el anarquismo tiene declarada la guerra abierta; y me propuse atacar la organización actual de la sociedad para implantar el comunismo anárquico. No me propuse matar a unas personas determinadas. Me era indiferente matar a unos o a otros. Mi deseo consistía en sembrar el terror y el espanto”.


El atentado

El 7 de noviembre de 1893, en la apertura de la temporada de invierno del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, durante el segundo acto de la ópera "Guillermo Tell" de Gioachino Rossini, Santiago Salvador Franch lanzó, desde la galería del quinto piso del teatro, dos bombas Orsini contra el público.. De las dos bombas solo explotó una sola, provocando 22 muertos y 35 heridos. En medio de la confusión que siguió a la explosión, Salvador Franch consiguió salir del teatro sin ser visto.
La bomba Orsini que no explotó, ya que su caída quedó amortiguada por el cuerpo de una mujer muerta por la primera bomba, supuestamente, tras el cierre del caso, se envió al Museo de Historia de Barcelona para formar parte de su colección permanente, aunque posteriormente surgieron dudas de su autenticidad.
Como consecuencia del atentado, se declaró la ley marcial en Barcelona y cientos de militantes anarquistas fueron arrestados y torturados por los fuerzas de seguridad. La autoría de la acción inicialmente se atribuyó a José Codina y luego a Mariano Cerezuela, ambos anarquistas que serán ejecutados el 21 de mayo de 1894.
El 2 de enero de 1894, Salvador Franch fue apresado en Zaragoza. Para evitar su captura intentó suicidarse dos veces sin lograrlo. Inmediatamente fue llevado a la cárcel del castillo de Montjuic, no siendo juzgado hasta el 11 de julio. Durante el juicio, dijo que cometió el atentado para vengar la ejecución de Paulino Pallás, al que conocía y admiraba.
El 21 de noviembre 1894, Santiago Salvador Franch fue ejecutado a garrote vil en una plaza de Barcelona a manos del verdugo Nicomedes Méndez. Tenía 32 años y era padre de dos hijas.

El atentado de Salvador Franch tendrá importantes consecuencias políticas y sociales. Todos los derechos y libertades civiles fueron suspendidos, se declaró la ley marcial en Barcelona durante el año y el ataque será constantemente utilizado como una excusa para la persecución sistemática de la prensa anarquista, los sindicatos y otras organizaciones.

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