Teodomiro Menéndez Fernández; Revolución de octubre 1934 .-a


Scherezada Jacqueline Alvear Godoy
(Oviedo, 1879 — Madrid, 1978) fue un político y sindicalista socialista asturiano.

Nacido en Oviedo inicia la carrera en política presentándose a las elecciones para el ayuntamiento de Oviedo en 1911. Es elegido concejal. En 1919 es elegido diputado para las Cortes Generales.
En 1917 como responsable del sindicato ferroviario impulsa la huelga ferroviaria de Asturias. Una vez aplastada la huelga por el Ejército, fue detenido y encarcelado.
Durante el gobierno de la segunda república fue elegido diputado a Cortes por Oviedo en 1931​ y ejerció el cargo de subsecretario de Obras Públicas (1932-1933) proyectando los futuros enlaces ferroviarios de Madrid.
En 1934 participa en la huelga de octubre de 1934 siendo apresado por las tropas marroquíes y condenado a muerte. Ingresa en el penal de El Dueso hasta el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 fecha en la que es liberado y en la guerra civil lucha en el bando republicano. Una vez finalizada se exilia a Francia en 1939 huyendo de la represión. En 1940 tras la ocupación nazi de Francia es apresado en Burdeos y devuelto a España. Una vez en España es condenado a muerte por segunda vez. En 1950, tras diez años de cárcel, es liberado pues su pena capital había sido conmutada por 30 años de cárcel gracias a gestiones de Serrano Súñer.
Falleció en Madrid a los 99 años de edad, después de haber sido encarcelado dieciséis veces y condenado a muerte dos veces, siendo enterrado en el cementerio civil de Madrid.



 Teodomiro Menéndez, dirigente socialista de gran importancia en la  lucha política y sindical desarrollada hasta la guerra civil, falleció  ayer en Madrid, a los 99 años de edad.Condenado a muerte dos veces, y  encarcelado en dieciséis ocasiones, en su biografía se unen hechos tan diversos como el de organizador de la huelga general de 1917 y  proyectista de los enlaces ferroviarios de Madrid, realizados treinta  años después por el régimen de Franco.Teodomiro Menéndez fue ingresado  el lunes día 24 en la Ciudad Sanitaria Francisco Franco, donde fue  operado de fractura de cadera.
Teodomiro Menéndez, asturiano, comenzó su vida política presentándose a las elecciones municipales de 1911; fue elegido concejal de Oviedo, más tarde alcalde, y diputado a Cortes en 1916. Contribuyó decisivamente a organizar la huelga general de 1917 -como responsable del Sindicato Ferroviario, que impulsó todo el movimiento huelguístico-, y tras su aplastamiento final por el Ejército, fue detenido y encarcelado.

Posteriormente intervino también en la organización de la huelga revolucionaria de Asturias de 1934. Como consecuencia de la misma fue nuevamente detenido, esta vez por las fuerzas marroquíes enviadas a Asturias para sofocar la revolución, y sometido a torturas antes de pasar a juicio, donde fue condenado a muerte. Permaneció encarcelado en el penal de El Dueso hasta el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.

Tras el estallido de la guerra civil. Teodomiro Menéndez participó activamente en la contienda. Salió de España en 1939 y un año más tarde fue detenido por la policía franquista en Burdeos (Francia) en colaboración con la Gestapo alemana y trasladado a Madrid junto con otros hombres destacados que habían servido a la República, entre ellos el también socialista Zugazagotitia.

Nuevamente condenado a muerte, salvó la vida gracias a gestiones de Serrano Súñer -realizadas en pago a los esfuerzos de Teodomiro Menéndez por salvar vidas de nacionalistas en el sector republicano-, que dieron por resultado la conmutación de la pena.

Tras salir de la cárcel, vivió en Madrid sin ningún relieve público, ni siquiera en los últimos años, y sin que le fuera otorgada -a diferencia de otros hombres que ocuparon cargos en la República- protección asistencial alguna, según afirmación del semanario El Socialista publicadas el 16 de julio pasado. Teodomiro Menéndez fue miembro del Tribunal de Cuentas de la República y subsecretario de Obras Públicas, función ésta última que le permitió proyectar los enlaces ferroviarios de Madrid.

El sepelio de Teodomiro Menéndez tendrá lugar en la mañana de hoy en el cementerio civil de Madrid. El cortejo fúnebre partirá a las diez de la calle Doctor Castelo, 58 y al parecer asistirán dirigentes del PSOE y de la UGT.


Revolución de octubre.


El último revolucionario.

09-05-2013 — Jesús Trincado Baños falleció en Montevideo el 19 de marzo de 2006, a los 98 años.

El pasado marzo fallecía en Uruguay, a los 98 años, Jesús Trincado, participante en la Revolución de Octubre. Con él desaparece el último testigo de las muertes de Oreja y Resusta.

ARRASATE. DV. El pasado mes de marzo fallecía en Montevideo (Uruguay), a los 98 años, el último exiliado mondragonés de la guerra de 1936. Jesús Trincado, militante ugetista que emprendió el exilio tras la derrota republicana, era, además, el último participante y testigo directo de la fracasada revolución de octubre de 1934, que se saldó con las sonadas muertes de Marcelino Oreja y Dagoberto Resusta y la proclamación de una efímera República Socialista en Mondragón.
Jesús Trincado se ha llevado a la tumba uno de los secretos mejor guardados en la historia reciente de Mondragón: ¿quién mató a los tres rehenes -Marcelino Oreja, Dagoberto Resusta y Ricardo Azcoaga- que los socialistas revolucionarios mantenían en la Casa del Pueblo?
En ese local de la calle Maalako Errabala (donde actualmente se halla Benetton) tenía su sede el Comité Revolucionario de Mondragón, y allí se gestó la revolución al estilo bolchevique que se apoderaría de la villa cerrajera -con la excepción del cuartel de la Guardia Civil- durante la jornada del 5 de octubre de 1934.

La insurrección fue desencadenada por el PSOE y la UGT en respuesta a la entrada de las derechas (CEDA, cuyo líder José María Gil Robles, era llamado el 'Hitler español') en el gobierno de la República.
La señal para los revolucionarios mondragoneses llegó de Eibar a la una de la madrugada del día 5. Tal y como estaba dispuesto, un grupo de enlaces fue despertando casa por casa a los participantes en la sublevación.

Jesús Trincado, a la sazón un joven de 26 años, recuerda en la obra biográfica Bizi izan juat (Arrasateko Udala, 2000) escrita por Josemari Velez de Mendizabal, que percibió los primeros indicios de lo que se avecinaba la víspera, cuando, de regreso con su novia del cine, se topó con compañeros del sindicato UGT. Pero él no se incorporaría a la revolución hasta que fue despertado por las primeras explosiones hacia las seis de la mañana. «Estaban arrojando bombas de fabricación casera contra el cuartel de la Guardia Civil desde el tejado de una edificio próximo» atestigua en el libro de Velez.

Para cuando Trincado se presentó en la Casa del Pueblo, cuartel general revolucionario, los insurgentes socialistas ya habían tomado todo el pueblo; habían sido desarmados y detenidos serenos, miqueletes, alguaciles y guardas de fábricas, ocupados el ferrocarril, la central de teléfonos y las dos armerías, y requisado panaderías, carnicerías, el economato de la Cerrajera y hasta las caseras que venían con la leche. Sólo faltaba por rendir el cuartelillo de la Guardia Civil (objetivo que al final no lograrían), y en ello estaban a bombazo limpio cuando Trincado entró en la Casa del Pueblo y descubrió que «tenían allí encerrados a un montón de carlistas para evitar que tomaran las armas».

En el interior de la sede socialista se escuchó de pronto un disparo, «y nada más entrar me encontré con Celestino Uriarte, a quien se le había disparado la escopeta porque no sabía manejar un arma.

Pese a su nula experiencia militar, Celestino Uriarte Bedia era el cabecilla del Comité Revolucionario integrado por Pedro Ruiz de Alegría, Víctor Berecíbar Ormazábal, José Aguirregomezcorta Echevarría, Francisco Azconaga rana, Ismael Díez Fernández, Jaime Uriarte Cestona, Guillermo Lasagabaster Gorosábel y Marcos Vitoria Goitia.

Tras el disparo accidental, Celestino «me entregó su escopeta y me envió a montar guardia en la plaza del Ayuntamiento». Apostado allí, con la escopeta en ristre, Trincado vio llegar a su antiguo compañero de escuela y amigo Pedro Azkarraga, militante carlista y por tanto acérrimo enemigo político. Azkarraga se dirigía a la sede del Círculo Tradicionalista. Trincado le informó de la situación y le aconsejó que regresara a casa. «Y eso hizo después de que nos despidiéramos con un abrazo».

A por Marcelino Oreja

Trincado se mantuvo en su puesto en la plaza hasta que fue relevado a las 8.00 horas. De regreso a la Casa del Pueblo, le encomendaron la misión de ir a detener a Marcelino Oreja Elósegi, ingeniero de caminos, presidente del Consejo de Administración de Unión Cerrajera y diputado a Cortes por Acción Católica.

Trincado y otros revolucionarios, armados con escopetas y pistolas, fueron a casa de 'El jabalí', como apodaban a Oreja, con los ánimos bastante calientes después de haberle escuchado pocas semanas antes decir que «los de la UGT comeríamos hierba». Pese al temor que les inspiraba 'El jabalí', «tras descender por las escaleras acompañado de su esposa, casi nos convenció que era un angelote gordo e inofensivo».

Más tarde se enteraría Trincado de que, además de a Oreja, habían apresado también a Dagoberto Resusta, diputado provincial y consejero de UCEM, y a Ricarco Azcoaga, jefe administrativo de UCEM y antiguo alcalde. A éste le habían detenido en su chalé situado frente al cuartel de la Guardia Civil. A Dagoberto Resusta no le fueron a buscar. Al parecer salió de su domicilio en Villa Amparo «inquieto por la suerte que podía haber corrido su yerno Azurza, otro alto cargo de la Cerrajera. Llegó sin problemas hasta el domicilio de Azurza, en la calle Iturriotz, y supo por su hija que se lo habían llevado. Sin pensárselo dos veces, fue en su rescate a la Casa del Pueblo, pero la guardia de la puerta no le dejó entrar a entrevistarse con el Comité Revolucionario, como era su intención, y le dijeron que se marchara a casa, que estaba prohibida la circulación y que no había nada contra él. Dagoberto insistió, el incidente acabó en alboroto y Resusta acompañando a Oreja y Resusta en el salón del primer piso de la Casa del Pueblo» (Arrasate 1936. Una generación cortada. Oktubre Taldea).

Los revolucionarios también fueron a casa de Ignacio Chacón, el ingeniero jefe de UCEM, pero éste tuvo la prudencia huir para esconderse en casa de un amigo.

Trincado señala en la biografía escrita por Vélez de Mendizabal que se «asustó al ver a Resusta y a Azcoaga junto con el director Oreja, pues allí podía ocurrir cualquier cosa». Por ese motivo, le aconsejó a Celestino Uriarte que encerrara a los tres por separado. Celestino accedió a su propuesta, y le ordenó a Trincado que se llevara a Resusta y Azcoaga a otro sitio. Cuando se disponía a hacer lo que le había mandado Uriarte, a eso de las dos de la tarde, «apareció Juanito 'Sanverde' Mendizabal alertando de que llegaban tres camiones con soldados procedentes de Vitoria».
Ante tan alarmante noticia, «algunos comenzaron a organizar una especie de defensa, volcando un camión frente a la Casa del Pueblo, para atrincherarse en su interior. No se daban cuenta de que, de esa manera, nos estábamos metiendo en una ratonera», rememora Trincado.

Un fanático

En medio de aquel revuelo «apareció el peligroso fanático (Trincado no identifica a esta persona) que traía a los tres detenidos, y le preguntó a Celestino: '¿oneikin zeinbiejuau?' (¿qué hacemos con estos?); a lo que el líder revolucionario Uriarte le contesta: 'erueizak ostera ta ' (llévalos detrás y )».

A modo exculpatorio, Trincado asegura que «Celes no sabía nada de estrategia militar, pues ni siquiera había cumplido el servicio militar».

Según el relato recabado por el colectivo Oktubre Taldea y que se puede leer en el libro Arrasate 1936. Una generación cortada, sacaron a Oreja, Resusta y Azcoaga por la trasera de la Casa del Pueblo, hacia las huertas; las cruzaron hasta llegar a un pequeño murete, de poco más de un metro de altura, que separa dichas huertas del antiguo camino que llevaba al Ferixaleku, junto al puente (antes bar Txoko). Azcoaga trepó el muro y se volvió para ayudar a Marcelino Oreja a hacer lo propio, que con su gordura andaba bastante torpe. Dagoberto venía detrás. Entonces sonaron las descargas».

Ricardo Azcoaga, herido en un pie, saltó al camino, de ahí al río Aramaio, y corriendo aguas arriba, salió a la calle Olarte por el cantón existente entre las tienda de Markiegi y Uriarte Sport, con tan buena fortuna que se topó con los tres camiones militares procedentes de Vitoria. Los detuvo y puso al mando de esta compañía de infantería al corriente de lo sucedido. El oficial le contestó que tenían orden de dirigirse a Eibar, y no tenían conocimiento de que en Arrasate se hubieran producido disturbios porque el teléfono estaba ocupado por los revolucionarios. Los militares, de camino a Eibar, condujeron a Azcoaga hasta un médico de Bergara.
Junto al muro que no pudo escalar yacía el cuerpo de Marcelino Oreja Elósegui, con los brazos abiertos en cruz. El cadáver presentaba 4 heridas: un tiro de pistola en la columna vertebral, otro en la cabeza, un tercero en la mano y el cuarto de escopeta en el brazo derecho. El cuerpo de Dagoberto Resusta permanecía unos metros más allá, junto a la pared del frontón del Batzoki (posteriormente Cine Gurea).

Huida y regreso.

Los revolucionarios socialistas vieron ambos cadáveres en su huida hacia el monte por Altamira. Pero cuando se percataron de que las tropas proseguían su camino hacia Eibar, sin detenerse en Mondragón, volvieron a bajar a la calle, y se encontraron con que todos sus prisioneros habían huido.
Repuesta la calma, el Comité Revolucionario emitió un nuevo bando prohibiendo la circulación de viandantes a partir de las seis. Una hora más tarde, dos compañías de infantería al mando del comandante Camilo Alonso Vega, hacían su entrada en la villa. Se produjeron algunos tiroteos y dos soldados resultaron heridos en la parte alta de Erdikokale.
Los militares pusieron a la Casa del Pueblo durante toda la noche, rodeándola por Maalako Errabala, el cantón de Olatxo y las huertas traseras. Al amanecer tomaron el edificio sin resistencia. No había nadie dentro.
Según las crónicas de la época, el registro efectuado dio como resultado el hallazgo de 11 botellas de líquido inflamable; 41 granadas, 244 cajas de cartuchos, 13 sacos de perdigón, una pistola, 1 revólver y 13 escopetas de caza.
Jesús Trincado fue uno de los 110 jóvenes arrasatearras detenidos a raíz de estos hechos. El protagonista de la biografía escrita por Velez no tiene reparos en calificar de «crimen repugnante» lo sucedido en la trasera de la Casa del Pueblo. «Cuando supe lo que había ocurrido me sentí desesperado, mudo; para mí estaba claro que con aquella acción no íbamos a ningún lado».

«Sentí la muerte de Dagoberto Resusta en lo más profundo; mis recuerdos de Dago me llevaban hasta mi Primera Comunión, pues él era el autor de la única fotografía que me hicieron ese día».

Respecto a Marcelino Oreja, Trincado confiesa que aquella muerte «no se me hizo tan dura, porque siempre había actuado en contra de los trabajadores, y desde mi afiliación en la UGT no podía aceptar su actitud despreciable». Trincado asegura que «me alegré mucho cuando me enteré de que Ricarco Azcoaga había conseguido salvar la vida. Creo que Azcoaga me apreciaba, y, si no me equivoco, fue él quien en el seno del Consejo de Administración de UCEM habló favorablemente de mí, defendiendo que yo estaba capacitado para ocupar nuevas y más importantes responsabilidades en la fábrica».




Mondragón​ (en euskera Arrasate​ y oficialmente Arrasate/Mondragón)​ es un municipio español de la provincia de Guipúzcoa, en la comunidad autónoma del País Vasco, perteneciente a la comarca del Alto Deva.

Oreja Elósegui, Marcelino. Ibarrangelu (Vizcaya), 6.IV.1894 – Mondragón (Guipúzcoa), 5.X.1934. Ingeniero de Caminos y abogado, empresario y diputado.

Fue hermano del médico Benigno Oreja, que sería el pionero de la urología en el País Vasco. Establecido en San Sebastián y con una buena posición económica, apoyó a Marcelino, que tenía dieciséis años menos. Éste estudió en la Escuela de Ingenieros de Caminos, en Madrid, en la que terminó la carrera en 1920, licenciándose, además, en Derecho. En febrero de ese año se había afiliado a la Asociación Católico-Nacional de Propagandistas. En su instancia manifestaba hablar el vascuence, no pertenecer a ningún partido y haber escrito algunos artículos profesionales en Energía Eléctrica. Pasó a ser secretario de la Confederación de Estudiantes Católicos, con la que organizó el 19 de mayo de ese año un mitin en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

Al terminar los estudios, por iniciativa de Ángel Herrera, marchó, junto con Manuel Graña y Francisco de Luis, a estudiar en la Universidad de Columbia y a conocer la organización administrativa de las empresas periodísticas en Boston y Nueva York. A su regreso, Herrera le ofreció el puesto de gerente de El Debate. Al corresponderle el ingreso al servicio estatal, quedó en situación de supernumerario y se dedicó a los negocios familiares. Trabajó en La Vidriera Española y después en La Unión Cerrajera de Mondragón, de la que fue presidente y consejero delegado. Amigo del también ingeniero de Caminos donostiarra José María Aguirre, cuando éste se separó de su socio Alejandro San Román, le ayudó a adquirir la propiedad de la constructora Agroman, de la que pasó a ser accionista.

En junio de 1931 fue elegido diputado por Vizcaya en las Cortes Constituyentes, dentro del Partido Tradicionalista. En ellas se alineó con diputados del PNV, carlistas y católicos independientes en defensa del Estatuto de Autonomía para el País Vasco. Intervino en asuntos económicos y ferroviarios y mantuvo un debate con el ministro de Fomento, Indalecio Prieto, en la discusión del presupuesto de Obras Públicas. En febrero de 1933, interpeló de nuevo a Prieto, a propósito de la supresión del Consejo de Obras Públicas, en términos de extremada cortesía, que no ocultaban su discrepancia con las disposiciones del ministro. En las elecciones de noviembre de 1933 volvió a salir elegido, con mayor número de votos.

Al estallar la Revolución de octubre de 1934, prefirió quedarse en Mondragón donde, el 5 de octubre, los sublevados, capitaneados por Celestino Uriarte, Ricardo Ceciaga y Guillermo Lasagabaster, le prendieron y lo mantuvieron encerrado en la Casa del Pueblo, hasta que fue asesinado en un prado trasero. En febrero del año siguiente nació su hijo homónimo, Marcelino Oreja Aguirre, que habría de ser ministro de Asuntos Exteriores en los primeros gobiernos de Adolfo Suárez.


Obras de ~: Revista de Obras Públicas, 15 de marzo de 1933, págs. 137-141 (transcripción de su interpelación en el Congreso de los Diputados del día 14 de febrero de 1933).

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