Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano, I marqués del Valle de Oaxaca.-a

Pocas veces la historia ha atribuido al brío y determinación de un solo hombre la conquista de un vasto territorio; en esta reducida lista se halla Hernán Cortés, que siempre prefirió quemar sus naves a retroceder. Con escasos medios, sin apenas más apoyo que su inteligencia y su intuición militar y diplomática, logró en sólo dos años reducir al dominio español el esplendoroso Imperio azteca, poblado, según estimaciones, por unos quince millones de habitantes.

 (Medellín, Corona de Castilla, 1485 - Castilleja de la Cuesta, Corona de Castilla, 2 de diciembre de 1547) fue un conquistador español que, a principios del siglo xvi, lideró la expedición que inició la conquista de México y el final del imperio mexica, poniéndolo bajo dominio de la Corona de Castilla, creándose a partir de ello la denominada Nueva España.
Nació en la ciudad extremeña de Medellín, en el seno de una familia de menor hidalguía.​ Decidió buscar fortuna en el Nuevo Mundo viajando a La Española y Cuba, donde por un corto período de tiempo fue alcalde de la segunda ciudad fundada por los españoles durante la tercera expedición a tierra firme, la cual financió parcialmente. Su enemistad con el gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, provocó la cancelación del viaje a última hora, una orden que Cortés ignoró.
Llegando al continente, Cortés realizó una exitosa estrategia de aliarse con determinados grupos indígenas para derrotar a otros. También utilizó una mujer nativa, doña Marina (la Malinche), que le sirvió de intérprete y con quien tuvo un hijo. Cuando el gobernador de Cuba mandó emisarios para apresar a Cortés, este los enfrentó y derrotó, al tiempo que enroló a la tropa que iba a arrestarlo como refuerzos para su expedición. Cortés mandó varias cartas al rey Carlos I a fin de que fuese reconocido su éxito de conquista en lugar de ser penalizado por su amotinamiento. Finalmente le fue concedido el título de marqués del Valle de Oaxaca, si bien el más prestigioso título de virrey le fue dado a un aristócrata de alto rango, Antonio de Mendoza y Pacheco. En 1541, Cortés retornó a España, donde falleció seis años después, arrastrando su amargura.
Es cierto que diversas circunstancias favorables lo acompañaron, y que, llevado por la ambición y la sed de honores y riquezas, cometió abusos y violencias, al igual que otros conquistadores. Pero, de todos ellos, Cortés fue el capitán más culto y más capaz, y aunque ello no sirva de atenuante, lo impulsó también un gran fervor religioso; su conciencia moral llegó a plantearle si era lícito esclavizar a los indios, una duda insólita en los albores del proceso colonizador que siguió al descubrimiento de América.

Biografía

Procedente de una familia de hidalgos de Extremadura, Hernán Cortés estudió brevemente en la Universidad de Salamanca. En 1504 pasó a las Indias, recién descubiertas por Cristóbal Colón, y se estableció como escribano y terrateniente en La Española (Santo Domingo). En 1511 participó en la expedición a Cuba como secretario del gobernador Diego Velázquez de Cuéllar, con quien emparentó al casarse con su cuñada; Velázquez le nombró alcalde de la nueva ciudad de Santiago. En 1518 Diego Velázquez puso a Hernán Cortés al mando de una expedición a Yucatán; sin embargo, el gobernador desconfiaba de Cortés, a quien ya había encarcelado en una ocasión acusado de conspiración, y decidió relevarle del encargo antes de partir.


La expedición de Cortés

Advertido Cortés, aceleró su marcha y se hizo a la mar en 1519, antes de recibir la notificación. Con once barcos, unos seiscientos hombres, dieciséis caballos y catorce piezas de artillería, Hernán Cortés navegó desde Santiago de Cuba a Cozumel y Tabasco; derrotó a los mayas allí establecidos y recibió (entre otros regalos) a la india doña Marina, también llamada Malinche, que le serviría como amante, consejera e intérprete durante toda la campaña. Desobedeciendo órdenes expresas del gobernador Velázquez, fundó en la costa del golfo de México la ciudad de Veracruz, llamada entonces Villa Rica de la Vera Cruz.

La conquista del Imperio azteca

Allí tuvo noticias de la existencia del Imperio azteca en el interior, cuya capital se decía que guardaba grandes tesoros, y se aprestó a su conquista. Para evitar la tentación de regresar que amenazaba a muchos de sus hombres ante la evidente inferioridad numérica, Hernán Cortés hundió sus barcos en Veracruz; de este episodio procede la frase hecha quemar la naves, expresión de una determinación irrevocable. Pronto logró la alianza de algunos pueblos indígenas sometidos a los aztecas, como los toltecas y tlaxcaltecas.

Tras saquear Cholula, Cortés llegó a la capital azteca, Tenochtitlán, en donde fue recibido pacíficamente por el emperador Moctezuma II, que se declaró vasallo del rey de Castilla. La posible identificación de los españoles con seres divinos y de Cortés con el anunciado regreso del dios Quetzalcoátl favoreció quizá esta acogida a unos extranjeros que, sin embargo, empezaron enseguida a comportarse como invasores ambiciosos y violentos.
Mientras tanto, para castigar la rebeldía de Cortés y obligarlo a volver a Cuba, el gobernador Diego Velázquez envió contra él una expedición al mando de Pánfilo de Narváez. Cortés hubo de dejar la ciudad a su lugarteniente Pedro de Alvarado para hacer frente a las tropas de Narváez, a las que derrotó en Cempoala en 1520, consiguiendo además que se uniese a él la mayor parte del contingente.
Cuando regresó a Tenochtitlán, Cortés se encontró con una gran agitación indígena contra los españoles, provocada por los ataques realizados a sus creencias y símbolos religiosos y por la matanza que había desencadenado Pedro de Alvarado para desbaratar una supuesta conspiración. Cortés hizo prisionero a Moctezuma II e intentó que éste mediara para calmar a su pueblo, sin lograr otra cosa que la muerte del emperador.
Hernán Cortés se vio entonces obligado a abandonar Tenochtitlán en la llamada «Noche Triste» (30 de junio de 1520), en la que su pequeño ejército resultó diezmado. Refugiado en Tlaxcala, siguió luchando contra los aztecas (ahora bajo el mando del emperador Cuauhtémoc), a los que venció en la batalla de Otumba; y, finalmente, cercó y tomó Tenochtitlán (1521). Destruida la capital azteca, construyó en el mismo lugar (una isla en el centro de un lago) la ciudad española de México.

Gobernador de Nueva España

Dominado ya el antiguo Imperio azteca, Cortés lanzó expediciones hacia el sur para anexionar los territorios de Yucatán, Honduras y Guatemala. Los detalles de la conquista de México, así como los argumentos que justificaban las decisiones de Hernán Cortés, fueron expuestos en las cuatro Cartas de relación que envió al rey. En 1522 fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España, nombre que dieron los conquistadores al territorio mexicano.
Sin embargo, la Corona española (ya en manos de Carlos V) practicó una política de recorte de los poderes de los conquistadores para controlar más directamente las Indias; funcionarios reales aparecieron en México enviados para compartir la autoridad de Cortés, hasta que, en 1528, fue destituido y enviado a la Península.
En España salió absuelto de todas las acusaciones e incluso fue nombrado marqués del Valle de Oaxaca, además de conservar el cargo honorífico de capitán general, aunque sin funciones gubernativas. De vuelta a México en 1530, todavía organizó algunas expediciones de conquista, como las que incorporaron a México la Baja California (1533 y 1539).
Regresó nuevamente a España para intentar obtener mercedes de la Corona por los servicios prestados, para lo cual llegó a participar en una expedición contra Argel en 1541, pero sus reclamaciones nunca obtuvieron plena satisfacción; mientras aguardaba respuesta, se instaló en un pueblo cercano a Sevilla, en donde reunió una tertulia literaria y humanística y pasó los últimos seis años de su vida.



Hernán Cortés, ¿héroe o genocida? (I)

La matanza de Cholula', cuadro de Félix Parra de una serie sobre la conquista de México, 1877. (Terceros)

Si los españoles obtuvieron grandes riquezas al conquistar el Imperio azteca, Francisco Pizarro se apoderó en Perú de cantidades de oro y plata aún más desmesuradas . Sin embargo, su figura ha quedado un tanto ensombrecida por la de Hernán Cortés . El principal motivo es que este puso por escrito su propia versión de la conquista de México en las famosas Cartas de Relación . Con ello pretendía dejarse en buen papel ante Carlos V y seducir a la posteridad.
¿Lo consiguió? Solo hasta cierto punto, porque en la actualidad un abismo separa a sus admiradores de sus críticos. El conquistador extremeño, para bien o para mal, no ha dejado de despertar interés. Este año, el del quinto centenario del inicio de la conquista de México, se están produciendo dos series sobre su vida, protagonizadas por Javier Bardem y Óscar Jaenada .
Hemos pedido a seis expertos que nos proporcionen su opinión sobre las luces y las sombras del conquistador. Todos son buenos conocedores de la época y aportan una visión plural sobre un personaje que está lejos de suscitar consenso . Sus perspectivas introducen complejidad en un debate que ha estado demasiadas veces marcado por el blanco y el negro.
Hoy, coincidiendo con los 500 años del inicio de la matanza de Cholula (16-18 de octubre de 1519), ataque de Cortés de camino a Tenochtitlan que arrasó con la vida de entre tres y seis mil cholultecas, iniciamos la primera entrega de esta serie con las reflexiones de Felipe Fernández-Armesto y Bernat Hernández.

Hernán Cortés, ¿héroe o genocida?

Se puede ser ambas cosas. El heroísmo no es una virtud, sino una percepción por parte de los partidarios. El que es héroe para los de un bando será el malvado de los opuestos. Para ser el héroe de todos hay que ser un santo, algo que Cortés no logró ser. Tampoco era un genocida, no por motivos morales, sino sencillamente porque para los españoles la supervivencia de la mano de obra indígena era imprescindible.

¿Por qué venció?

No venció Cortés, sino una coalición indígena, sobre todo de tlaxcaltecas y huexotzincas. Ni fue Cortés el arquitecto de esa alianza, sino la indígena a quien los españoles llamaban doña Marina , la única que dominaba los idiomas precisos. Los españoles se aprovecharon de una victoria a la que prestaron una escasa contribución.

¿Cómo le ha tratado la posteridad?

Exagerando su importancia, para bien o para mal. Sintió la amargura de no ser suficientemente apreciado por la Corona. Pero, gracias a sus publicaciones y a la obra propagandística de su cronista, Francisco López de Gómara, alcanzó un grado de fama desproporcionado en la Europa del siglo XVI. Hoy en día, debido a prejuicios políticamente correctos e históricamente erróneos, no se reconocen debidamente los motivos por los cuales tantos indígenas le apoyaron, ni las enormes ventajas económicas que extrajeron de la presencia española en su continente.

Los españoles se aprovecharon de una victoria a la que contribuyeron poco”

En todo episodio letal, como el de las enfermedades introducidas en el Nuevo Mundo por migrantes europeos, a pesar de la tragedia de los muertos, los supervivientes suelen aprovechar para repartirse los recursos que quedan. Y los españoles abrieron nuevos caminos económicos –nuevas rutas, tratos, productos, mercados...–. Sin estos beneficios, desde luego, los indígenas no hubieran tolerado la presencia española, que no dispuso nunca de suficiente fuerza para imponer su predominancia.


Cortés, sus compañeros y sucesores tuvieron la suerte de encontrar culturas dispuestas a aceptar, honrar e incluso acatar al extranjero: por el rasgo cultural que yo llamo “el efecto extranjero” ( stranger-effect en inglés). Nosotros solemos menospreciar al inmigrante, pero hay culturas en el mundo que reconocen su valor como representante de un horizonte divino y lejano. Ahí fue donde los imperios europeos triunfaron en la era moderna. La indudable valentía de Cortés cuenta poco. Las culturas indígenas fueron determinantes.


Hernán Cortés, ¿héroe o genocida?

Cortés es una de tantas manzanas de la discordia de la historia hispanoamericana que ha merecido juicios extremos. “¿Héroe o asesino?” me parecería una dualidad más razonable que la propuesta, en cuanto que el concepto de genocidio, como exterminio buscado y sistemático de un grupo de población, tiene difícil aplicación en el caso mexicano.

Quizá “¿Verdugo o víctima?”, porque la conquista del Nuevo Mundo fue una época dura, extremadamente cruel para todos sus protagonistas. Tras su éxito y fortuna, la última etapa de la vida de Cortés se movió entre los destinos dispares de muchos conquistadores, que acabaron sus días envueltos en procesos judiciales, cuando no en la pobreza o el ostracismo social, en su mayoría rechazados por las nacientes oligarquías criollas.
Fue una época extremadamente cruel para todos sus protagonistas”

¿Por qué venció?

Sin duda, Hernán Cortés acabó despuntando durante el proceso de descomposición del mundo mesoamericano que conocemos como conquista de México. Indudablemente, no fue su liderazgo militar el que explica todo este proceso, que fue muy coral, con una participación nativa indiscutible. En su haber, no obstante, cuenta con su habilidad estratégica en la batalla y en la corte, su dominio de los recursos de la opinión y su disposición al mestizaje entre pueblos y culturas.

¿Cómo le ha tratado la posteridad?

La valoración de la figura y las actuaciones de Hernán Cortés se ha movido también entre las apologías y las censuras más exacerbadas. Sin embargo, es indudable que el balance actual de biografías –como, por ejemplo, la de Juan Miralles en 2001, que lo presenta como “inventor de México”– hace justicia al personaje, mostrando tras sus luces y sombras la complejidad del Nuevo Mundo, surgido entre la destrucción y la construcción de la América del siglo XVI.

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